LA NOCHE EN QUE APRENDÍ A HACER FUEGO.
AQUEL CHAVAL INQUIETO.
Allá por el año 1962, 63, 61, más o menos, una de tantas, fui a casa de mi abuelita, por muchas composturas me dejaron..... yo era revoltoso de pequeño - ese era el motivo por no dejarme, - si estaba solo era aplicado, total que me dejaron. En el campo, a unos quinientos metros del pueblo donde vivía Sangonera la Verde, estaba la casa de mis abuelos, vivían de la agricultura y la ganadería. Era mí delirio me encantaba de estar allí, además yo era el rey todas las atenciones eran para mí al estar solo. Ayudaba a mi abuelo a sacar la yegua negra a abrevar, también en todos los menesteres, iba por delante de mi abuelo, me encantaban desde, segar alfalfa, limpiar cuadras en fin todo lo que fuera y estar allí en la casa de la abuelita María y el abuelito Antonio. Una de las cosas que con mayor satisfacción hacía era tapar el arbellón, todas las noches el albellón se tapaba porque era el hueco por donde salían las gallinas al campo y por la noche se tapaba cuando ya habían entrado todas y por ahí podía entrar la zorra, eso decía mi abuela.
LOS NIÑOS ESCUCHAN.
Por la noche cuando ya me acosté y mi abuela me tapó bien, escuché como le decía a mi abuela, - tiene que estar reventado si vieras la pijada de trabajar que se ha pegado, no me dejaba hacer nada y luego se pone que parece que tiene el aliacán, cuando están con los demás. - Antonio tienes que tener en cuenta que en su casa estaba solo cuando vino el Salvadorin y entonces todas las atenciones han pasado a su hermano, eso el criollo lo sufre. - Me decía el otro día su madre que lo quiere mucho y le da mucho besos, pero enseguida le quita los juguetes que tiene para jugar él y su hermano al llorar, - se ve que le ha tomado un poco de pelusilla,( ojeriza, también es lo que se dice aquí en Murcia, vaya envidia) me decía María, también le preguntaba, - mamá me quieres? - antes me querías más. Acto seguido se la comía a besos, diciéndole, - yo sí te quiero mucho mamá más que a nadie. Mi abuela dio en el clavo y perfectamente saben las cosas y guían a sus hijas como hizo con mi "mamá". ( expresión esta también murciana)
NOCHES DE INTRIGA CON CATALINA.
Especialmente las noches, que a mí me atraían las que realmente tenían embrujo, que allí se sentía, sobre todo porque mi abuela y mis tías las hacían así, se ve que era tradición de la familia darles ese toque de intriga y suspense, concretamente eran las noches de invierno, inolvidable. Solían ser las noches de sábado a domingo, allí nos juntábamos los primos de mi tía Encarna y nosotros, los demás ni habían nacido. cinco críos, de 9-8-7-6-5, años 2 niñas y 3 niños, si coincidía que venía la tía Catalina de Corvera, pues no veas, aquello parecía un teatro para niños...... qué imaginación tenía la Tía Catalina, interpretaba con una facilidad pasmosa, como si fuera una película la que estábamos viendo, hacía que lo que contaba, imaginábamos que era real, todos metidos en su historia..... cuando de golpe se callaba y su silencio hasta diez segundos duraba, (la sala de la cocina estaba en penumbra con la luz del quinqué) seguía en silencio y miraba hacia la puerta de la casa, cuando repentinamente se oían tres golpes potentes elevando la intriga a lo más alto de nuestra atención, tres veces ocurrió tal hecho, en esas entre medias, a ella le había dado tiempo de poner una bolsita de caramelos cerca de cada uno de nosotros, ni nos habíamos dado cuenta, sorprendidos y con pavor permanecíamos inmóviles y con la boca abierta, super atentos y manteniéndonos la atención, la tía Catalina disfrutaba de lo lindo, cuando de golpe cuando le apetecía, soltaba una carcajada ja ja ja ja máxima atención en la sala, - hasta los gatos se iban del miedo que le daba, volvían a repetirse los golpes en la puerta,
volviendo las cabezas hacia la puerta muerto de miedo, no dábamos crédito a lo que allí estaba ocurriendo, - los ojos como platos y la boca abierta, esa era nuestra expresión ante la sorpresa de los golpes en la puerta.
Cuando de golpe, la tía Catalina se levantaba y desaparecía, la abuela decía eso que ha ido al retrete, - lo que pasaba era que no podía más, no podía aguantarse más la risa y las carcajadas que decía ja ja ja ja ja era que se moría de risa, pero nosotros seguíamos haciéndonos la pregunta, - quién habrá dado los golpes en la puerta, cuando al rato entra la tía Catalina por la puerta del patio y junto a ella iba María, mi madre que, - deja que vaya, (expresión murciana) también tenía una imaginación de miedo, ella era la que daba los golpes en la puerta, pero eso no lo descubríamos, acto seguido después de un buen rato, alguien decía eso ha sido Pepe no eso ha sido el abuelo no eso ha sido la abuela hasta que daban con la tecla, era María la quedaba los golpes en la en la puerta, nosotros en suspense pero los mayores disfrutaban de lo lindo viendo nuestras caras y a la tía Catalina interpretando, era un artista era un genio era la tía Catalina. Por supuesto que el suspense se tenía que descubrir para que los pequeños no tuvieran miedo.
Todos celebramos la visita de la tía Catalina era una buena cocinera costurera bordadora y encima nos hacía los juguetes con las manualidades que ella sabía.
EL NIÑO TORTUSERO.
A las siete de la tarde estaba ya de noche se empezaban a hacer las cosas a las 4 de la tarde y a las seis prácticamente todo recogido, los animales ya tenían su cena en su establo y la abuela en la cocina preparando para hacer el fuego que era mi pasión, el abuelo no se metía simplemente obedecía y le decía a la abuela,,,,,,, cómo puede ser tan tortusero este crío..... no sabía lo que era aquello, pero como yo era revoltoso....... algo no bueno será, decía yo.
ABUELITA DÉJAME HACER FUEGO.
Abuelita déjame hacer fuego enséñame así cuando vaya a mi casa mi padre me deja que esté al lado del fuego como ya sé.
Yo como era muy insistente pues mi abuela al final me dejó hacer fuego, siempre ella pendiente de mí........ Como lo hice bien, a la siguiente noche pues también y así me enseñó mi abuelita hacer fuego, tendría pues unos seis años siete años no más.
Las noches de invierno eran largas el abuelo se sentaba en su silla ya predeterminada retirada del fuego para no coger enfriamiento, decía la abuela, —en la penumbra del candil y el quinque la iluminación que por entonces se tenía, el abuelo seguía haciendo esparto.
CUANDO ROMPI LA HIGUERA Y MÁS
Desde luego hazañas tenía muchas por eso las broncas y los apargatazos eran para mí. Recuerdo una vez que me subí a la higuera —que estaba en el huerto, junto a la parra los pimientos las berenjenas los ajo los tomates, —con mi primo y se rompió un brazo — la que monto mi abuelo, —la culpa para quién va a ser, pues para Juan Antonio, la verdad que la rompió yo, pero el tiramos los dos de la misma rama. Bueno, pues cuando mi abuelo al despedirnos se dio cuenta, yo me hice el desentendido, iba con mi madre andando, bueno corriendo para alejarme y poner tierra de por medio, porque si no me iba a echar una bronca, que me la echó, - vaya bronca bronca, con aparatazo incluido que mi madre me dio. Yo pensaba entonces que mi abuelo me tenía manía, mi abuela siempre me protegía y me enseñaba. Recuerdo que mi abuela le decía al abuelo, deja el crío ya, que más vale decirle “ so“ que no “ arre “, claro yo aquello entonces no lo entendía.
Otro día que me enseñó a partir un huevo y hacerlo frito en la sartén, pelar patatas y fregar los platos, para que cuando yo fuera a mi casa le ayudara a mi mamá, eso es lo que decía mi abuela, — luego cuchicheaban cosas mías. Mi madre ay mi madre, déjate, pues no era mandona mi madre, le decía yo mamá mandas más que el Papa, chascarrillos de los que se decían entonces y yo había aprendido, sin saber lo que decía claro. Mamma Mia y así fueron pasando los años.
LA SILLA
Pero volviendo a aquella época, mi abuela tenía una silla muy pequeñita donde se sentaba para encender el fuego, aquella silla a mí me apasionaba, estaba vieja pero mi abuela la tenía muy bien cuidada, fue lo único que pude pillar de mis abuelos y esa silla es en la que ahora estoy sentado, le he tenido que poner el asiento nuevo, porque ya estaba roto, la pinté y de paso al que me la arregló le encargué cuatro sillas más, muy pequeñitas clones de la de mi abuela, se le llaman silla fina yo le llamo la silla de la abuelita.
LOS CHASCARRILLOS DE LA ABUELA.
Que noches las que pasábamos en la casa de mi abuela, me contaba historias que se inventaba, cada vez las decía de una forma distinta. Le decía yo a mi abuela, entonces abuela, te lo inventas tú. —no? eso no puede ser que sea verdad, que se aparecía aún un lobo, que se comía a un unos niños. Que desaparecieron que se lo había llevado al tío del saco, historias que después con el paso del tiempo eran para que nos privaramos de la gente extraña de no estar a deshoras fuera de casa ni atender a gente que no conociéramos, eso era el pan nuestro de cada día, por parte de mi madre y mi abuela y de toda la familia.
MI TÍO PEPE.
Otro detalle que me hacia mucha gracia era cuando la abuela le decía a Pepe, traete leña para encender la lumbre y no tardes....... “Pepe iba a su ritmo no se alteraba, siempre hablaba él solo.......... decía gueno pijo, voy voy, el pijo la vieja, ..... le decía yo Pepe la abuela manda más que el Papa....... y ese tamién capullo el Papa,( pensando que se refería a su padre) que no me pué hacer mi balsicha, al otro sí guena casa y a mi pijos“ y —a la media hora aparecía con dos o tres trozos de leña, eso es lo que me traes ahora después de tanto tiempo, -ve tú pijo ve tu pijo" que iba mi abuela y se tenía que traer ella otro cargamento de leña al cual yo le ayudaba.
Pepe tardaba tiempo porque él tenía su espacio donde se escondía creía yo, donde no nos dejaban entrar a los críos pequeños, era detrás de unas garbas de ramuja, leña fina de Olivera, allí se metía resulta que allí tenía él su meaero, vaya era allí encerrado entre la leña pues contaba sus historia, también le gustaba cantar en especial cuando sacaba el agua del aljibe, el sonido que hacía la garrucha dando la vuelta para sacar el agua era el acompañamiento de sus canciones, estilo propio inventado por él, al igual que le gustaba dibujar y en el suelo con una piedra, hacía figuras de hombre con su aparato reproductor, era lo único que había visto en su vida, resulta que Pepe, cuando tenía dos años le dio la meningitis y se quedó mal no podía hablar bien, porque además tenía un diente en el paladar e impedía que la lengua se moviera con libertad para pronunciar, llevaba mucho retraso para su edad, también se da la circunstancia, en aquella época Pepe nació en el año 1928 de noventa y tres años murió, estas personas salían poco de casa, para que no se rieran, eran considerados los tontos del pueblo. Estamos hablando de la España profunda, época época maldita que tanto perjudicó a las clases bajas de los pueblos de España. Autodidacta capaz de componer sus canciones capaz de dibujar capaz de hacer sus manualidades su especialidad era hacer pipas de cañas, cuando éramos niños nos hacía carros con palas chumberas nos fabricaba los juguetes y eso nadie se lo había enseñado. Mirada profunda, tenía unos ojos azules penetrantes no he visto otra color igual de nítido y grandes.
LA TÍA CATALINA.
Recuerdo otro día que nos juntamos allí todos los primos, bueno todos los que éramos entonces, Pepita, José Antonio, Maruja, yo y mi hermano Salvador, que le decíamos el borico de salvadorico, ÉLy la Maruja eran pequeños, José Antonio, Pepita y yo éramos más mayores, también estaba mi hermano Pepito, pero entonces tenía meses. Era la noche de todos los santos que estaba la tía Catalina, nos hacían tostones que celebrábamos con júbilo, después de los totones venían las historias que nos contaban las tías sobre todo Catalina, esa sí que sabía historia, bonitas de verdad, era viuda, vivían en los Cabecicos Corvera, tenía unas manos, hacía cobertores por encargo, por la noche liaban caramelos a mano, tenía dos o tres telares, enseñaba a todas las sobrinas y mozas del pueblo a coser, bordar, cocinar a todas las enseñaba porque como no tenían hijos. La tía Mariana y la tía Catalina siempre tenían algunas sobrina en su casa de Corvera. Mi madre era María y mi tía Encarna, luego estaba mi tío Antonio que todavía no se había casado, era joven tenía novia, guapísima se llamaba Genoveva, había otra era la tía Prudencia que estaba fuera con su marido trabajaba cada año en una provincia, lógicamente no recuerdo grandes detalles.
LAS COMIDAS DE MI ABUELITA.
Lo que era extraño era la hora de las comidas, se desayunaba cuando te levantabas lógicamente un vaso de leche que le habían sacado a la cabra hacia 30 minutos. Decía el abuelo que tenía de media unas doscientas cabeza al año de ellas veinte tantas cabras y el resto ovejas, las cabras daban mucha leche, siempre estaban criando, tenían hasta cinco chotos, decía la que no tenga por lo menos cuatro chotos esa la vendo. Era magnífico cuando nos íbamos con él a segar alfalfa en el carro con la burra. Con el que lo pasaba bien era con mi tío Antonio, le decían el campos, porque era del Campo de Cartagena, la zona de Corvera.
Siempre había trasiego en la casa de los abuelos, recuerdo que cuando no teníamos la alfalfa, era la Navidad, cuando no era la fiesta del pueblo Agosto que era cuando coincidía con la recogida de la almendra, en la Navidad también se recogía la oliva, para hacer aceite, llegaba alfalfa para el ganado, metió cerdos para intentar sacar más rendimiento, lo tuvo poco tiempo aquello llevaba mucho trabajo y luego no se vendían a buen precio, como decía las comidas tenía extraño horario, mi abuelo se llevaba cuando iba al campo a segar alfalfa se llevaba a un una bolsita con su trozo de pan su trozo de tocino y el vino, siempre procuraba a las doce de la mañana estar en casa ya mi abuela tenía una comida más consistente, que no era almuerzo ni era comida, después una siesta de una hora como máximo, ya estábamos metidos en la tarde y cuando eran las seis y media o siete se comía otra vez, menos cantidad, y comida más liviana como un potaje, un arroz con habichuela, pero por la mañana era vinza, como se decían, era chorizo era tocino y la morcilla, morcón, porque como se mataba todos los años uno o dos cerdos, eso se colgaba en la despensa y siempre había comida, esa era la comida más fuerte para pasar el día y ya en la noche a las 8 a las 9, pues era un vaso de leche todo el mundo y a la cama, ya que mi abuelo se levantaba a las 5 de la mañana, a darles un revuelto a la yegua y al macho, por si tenía que ir a labrar al campo. La agricultura es muy dura siempre estás haciendo algo, siembras, recoges, limpias, arreglas, no se para, aprovechaba el tiempo muerto mi abuelo para hacer hita, esparto, hacia soga normalmente, ramales incluso se los compraban, también capazos.
CUANDO LLOVÍA.
En aquellos años de los sesenta setenta ochenta llovía mucho más que ahora bastante más y el agua era beneficiosa, esto quiere decir que se sembraba en septiembre y seguro que la avena la cebada salían con el agua que llovía en diciembre y en noviembre y octubre y enero y febrero siempre caían unas gotas. Mi abuelo era un buen entendido en el tiempo sabían predecía cuando iba a llover más o menos, hablaba de las cabañuelas, yo nunca entendí eso porque claro a partir de los doce años ya era estudiar el bachiller.
Siempre le decía a mi madre a este le saco yo punta, jolines que si le saco y claro me tenía también engatusado porque como le ayudaba y hacía cosas para él, pues eso que se evitaba.
LA BICICLETA DE MI ABUELITO.
Día libre que me encontraba cuando estaba en el colegio a la casa de la abuelita y para venirme a mi casa que estaba unos 500 metros, siempre convencía a mi abuelo de que me dejara la bicicleta, que él tenía pequeñita a manosa a mí me venía al pelo. Abuelito tiene que ir algún lado esta semana, lo decía porque me dejaran la bicicleta, mañana te la traigo, — cosa que no hacía, (venia y se la llevaba) claro ya pasaba y veía a sus hijas, - me hacía mi ilusión de aparecer con la bicicleta en mi casa tendría nueve diez años ya me sentía un poco más hombre, no tan niño y todo eso fue gracias a la agricultura, vivida en el campo en la casa de mis abuelos, donde mi abuelita me enseñó a hacer fuego en la cocina de leña.
QUE TIEMPOS AQUELLOS.
Volviendo la mirada hacia atrás, me doy cuenta el cambio de vida con la actual. Nosotros nos criábamos solos, con nuestros caprichos, con nuestros juegos, con nuestras ilusiones y guiado siempre por los abuelos y más directamente los padres, era muy difícil que no fuéramos aplicados educados. En definitiva salir como hemos salido y ser lo que somos hoy, buena gente que hemos sacado nuestra familias adelante y en lo que a mí respecta orgulloso de la vida vivida con mi familia.
Gracias a mis padres a mis abuelos, (en especial a mi abuelita María por enseñarme a hacer fuego y encender una lumbre) a mis tías a mis tíos a mis primos a mi mujer y a mis hijos.
Creo que soy un hombre afortunado.
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