Era la segunda, MARIA se llamaba la moza, tenía una imaginación precoz y muy sobresaliente..... creaba historias donde ella era la protagonista. Tiene algo más de cinco años o seis aún pequeña, cuando ya era una líder en el grupo de sus amigas. Una de las tareas que le mandaba su padre, ya era capaz de realizarla, guardar los higos o las brevas, en cada época de la higueras, tanto por los pájaros como para las personas por las necesidades que había y se llevaran o allí comieran. Ante los niños que iban a las higueras, con ellos batallaba, su arma era una onda que utilizaba con gran destreza, - donde ponía el ojo llegaba la piedra era lo que decía y en muchas de las veces ocurría. Subida en lo más alto de la higuera, donde ella era la más grande la más fuerte y la más guapa, la reina super poderosa ante sus subordinadas, ella se sentía, esperando ser rescatada por su príncipe azul, mientras sus lacayas yacían en el suelo simulando estar muertas por algo que les caía de la higuera, en algunas ocasiones un higo o una breva, lanzaba o dejaba caer sobre la cabeza, en algunas ocasiones que sabe dios lo que cae si breva o lo que fuera, ella se partía de risa y sus amigas a llorar pensando que era otra cosa.
Como no iba a ser guapa la moza, además, regalaba salud y alegría. Su ilusión para cuando mayor fuera, era casar con un joven apuesto alto y guapo, - el príncipe. El que había creado en sus sueños, - llevándola por todas partes del mundo, donde él tendría su trabajo. Más esto último no se cumplió, el resto al pie de la letra.
Que tendría muchos hijos, sus carreras sacarían además queridos y respetados, allá por donde fueren los nietos de Antonio García el campesino y María Fernández la portusera.
Su padre agricultor ayuda necesitaba y lo primero que vino en su matrimonio, hijas fueron, siendo estas trabajadoras como si de hombres se tratara, dándose la circunstancia, que a la segunda María, el trabajo le gustaba y con satisfacción hacía el que fuese..... el trato con las bestias una burra y una yegua Argentina negra, arando, regando, segando o cualquier otra actividad la que fuese por fuerte que fuere.
Eso no la libraba tambien de enseñarse y aprender a cocinar, coser, bordar, planchar y cualquier actividad dentro del hogar. Que por la noche hacía con su madre y demás hermanas.
La asistencia al colegio empezó tarde y duró poco tiempo, pero ella aprendió porque su padre le enseñaba y unas tías suyas a las que visitaba con mucha frecuencia, la educaron haciendo de ella una señorita refinada y coqueta..... soñadora hasta el extremo de perder la noción del tiempo, en algunos casos. Una vez que fue a segar alfalfa, segó hasta la pieza del vecino, cuando tuvo que amarrarla y cargarla en la burra, le resultó imposible teniendo que hacer dos viajes.
Durante el tiempo que hacía las labores agrícolas se transformaba, su mente se iba a otro sitio, a dónde si no, a la fábrica de sueños que ella había creado. Tenían una burra muy ágil, que entendía perfectamente. Cuando en ella montaba, cabalgaba como si fuera a lomos de un caballo blanco al encuentro con su amor, - el príncipe azul. Junto a ella su hermano más pequeño que a duras penas hablaba....... María ponía la burra al trote y después al galope, dando saltos su hermano, diciendo María Mararía María para María para para para para para para para al poco tiempo, Pepe al suelo iba y llorando quedaba, María le cuidaba, le limpiaba y le decía no le digas nada al papá ni a la mamá, le engañaba diciendo que le iba a dar un caramelo que tanto le gustaba y Pepe cumplía como siempre a los deseos de María que en ese momento despertaba de su sueño, volviéndola a la realidad.
Su padre cuando la veía haciendo el trabajo y al mismo tiempo, riéndose sola, le decía a su esposa María, nena a la cría, hay que llevarla al médico, no la veo muy cuerda, si ves como trabaja y la fuerza que tiene y lo hace riéndose, eso no es normal, además habla sola... Ciando fue al médico y la examinó, dijo, - esta chica lleva un desarrollo muy bueno, físicamente por encima de la edad, está muy fuerte y las preguntas que le hago, las responde con coherencia, la chica está muy normal para los 14 años que tiene, está muy bien,
- serán cosas de chicas.
Ya de mayor, veinte años, por donde pasaba deslumbraba, alta morena, el pelo negro como el azabache, anchas caderas, pecho bien puesto, cintura muy fina, de aspecto fuerte, conversación fluida, vergonzosa y se ruborizaba con facilidad.
Cuando salían las tres hermanas llamaban la atención, allá por donde iba las tres iguales, altas guapas se hacía el silencio para después oír el murmullo, - has visto las hijas de María la Portusera y Antonio el Campesino, qué guapas decían al pasar, tanto hombres como mujeres y dicen que son muy buenas crías, trabajadoras - vaya partidos.
María pronto vio a su príncipe, el que ella había dibujado en su imaginación, alto delgado, con traje parecía un actor de cine, de muy de buena familia y profesión noble la de carpintero. Pero lo primero que le cautivó a María fue que era muy guapo eso lo repetía con el tiempo.
Pasó el tiempo concretamente cuatro años y fue con veinticuatro y él con veintisiete cuando sellaron su noviazgo pasando a ser marido y mujer la ilusión que ella tenía se había cumplido de vivir en el campo a tres kilómetros del pueblo había pasado a la calle Mayor al principio a casa de sus suegros para cinco años posteriormente realizar su casa en los terrenos que le correspondían a ella de la herencia de su padre. Los deseos de María de salir a ver mundo no se cumplieron lo máximo que salía era al teatro Romeo a ver una zarzuela que tanto le gustaban al cine en alguna ocasión y la playa alguna vez que otra su dedicación fue hacia su marido expresamente y a ser madre
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